Las cataratas representan una de las principales causas de pérdida...
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Diagnóstico y tratamiento de problemas visuales en niños, como ambliopía (ojo vago), estrabismo y defectos refractivos.

Manejo especializado de patologías como degeneración macular, retinopatía diabética y desprendimiento de retina.

Intervenciones quirúrgicas para cataratas, corrección del estrabismo y otras afecciones oculares.

Revisión periódica para detectar problemas visuales antes de que afecten la calidad de vid
La Dra. Pascual pasa consulta en:
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Docencia
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Entrevista a la Dra. Camps
Me llamó la atención desde muy pronto lo mucho que puede ocurrir en un espacio tan pequeño como el ojo. La oftalmología me pareció una especialidad muy visual, precisa y resolutiva. Además, siempre pensé que tenía buena mano para las tareas delicadas, y la microcirugía me parecía especialmente interesante.
Con el tiempo, he ido descubriendo que, más allá de la técnica (que es muy importante y me encanta estar al día), lo que más valoro es el contacto con los pacientes. Me gusta explicar las cosas con claridad, dar espacio a las preguntas, y adaptar el lenguaje según quién tengo delante. Es algo que he ido aprendiendo con los años y siempre intento que la persona se sienta escuchada y acompañada.
Por ejemplo, ante cualquier cirugía, para mí puede ser una intervención más entre muchas, pero para el paciente suele ser un momento importante y lleno de dudas. Intento ponerme en su lugar, explicarle bien lo que va a pasar, y estar disponible en todo el proceso para que se sienta seguro.
Esa parte humana, combinada con la posibilidad de ayudar de forma concreta, es lo que me sigue enganchando cada día a esta profesión.
Una de las cosas que más disfruto de mi trabajo es que me permite trabajar con personas de todas las edades, porque cada etapa tiene sus propias características y necesidades visuales.
Con los niños, el sistema visual está todavía en desarrollo, y eso implica que hay que estar muy atentos a cualquier alteración, porque el tratamiento puede cambiar mucho dependiendo de la edad.
Además del diagnóstico, dedico un tiempo a hablar con las familias sobre hábitos visuales: limitar el uso de pantallas, fomentar juegos al aire libre, asegurar una buena iluminación… Son aspectos que pueden marcar una gran diferencia en su salud visual a largo plazo. Me gusta que los niños entiendan, en la medida de lo posible, lo que les pasa.
No hablo solo con los padres; también me dirijo a ellos directamente, con un lenguaje adaptado, para que se sientan parte del proceso.
En los adultos jóvenes, por un lado es frecuente ver casos de fatiga visual por el uso prolongado de pantallas. En esas situaciones, suele enfocar la consulta en explicar qué está ocurriendo y cómo pequeños cambios de hábitos – como hacer pausas visuales, hidratar la superficie ocular o mejorar la ergonomía – pueden mejorar mucho sus síntomas.
Por otro lado, también es común que en esta etapa se planteen opciones como la cirugía refractiva para dejar de usar gafas o lentillas. En estos casos, me gusta explicar bien los pros y contras y ver si realmente es una buena opción para su estilo de vida y sus expectativas.
En las personas mayores, los problemas visuales suelen estar más relacionados con procesos degenerativos como las cataratas o la degeneración macular. La cirugía de catarata es una intervención que realizo con frecuencia y en la que me siento muy cómoda, tanto por la técnica en sí como por el entorno quirúrgico en el que trabajo, muy bien organizado y enfocado en que el paciente tenga una experiencia tranquila y posivita. En patologías más complejas, como las que afectan a la retina, intento ofrecer todas las opciones que tenemos a nuestro alcance y acompañar con claridad y empatía, sobre todo cuando el pronóstico es delicado.
En definitiva, cada etapa vital requiere de un enfoque diferente, tanto en lo técnico como en lo emocional, y esa variedad es una de las cosas que más me gusta de esta profesión.
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En los últimos años hemos vivido una auténtica revolución en el diagnóstico por imagen. Uno de los avances más relevantes es la tomografía de coherencia óptica y sus variantes, conocida como OCT. Es una técnica no invasiva que nos permite ver el ojo en cortes casi microscópicos, como si estuviéramos viendo un escáner de distintas capas. Esto nos ayuda a detectar enfermedades de forma mucho más temprana y precisa.
También ha habido una evolución muy importante en el ámbito quirúrgico. Las técnicas son cada vez menos invasivas, los instrumentos más pequeños, y eso permite que muchas cirugías se hagan con incisiones mínimas, con menos molestias y una recuperación más rápida.
Todo esto se traduce en que podemos ofrecer tratamientos más personalizados y seguros, y eso mejora directamente la experiencia y el bienestar de los pacientes.
Es importante que los padres estén atentos a pequeñas señales que a veces pasan desapercibidas: si el niño se acerca demasiado a los libros o a la pantalla, si evita actividades que requieren ver de cerca, si se frota mucho los ojos, entorna los párpados, o se queja de visión borrosa o dolor de cabeza. También hay niños que no se quejan porque no saben que podrían ver mejor, así que cualquier cambio en su comportamiento visual, tanto en casa como el colegio, merece una consulta.
Si las revisiones pediátricas son normales, no existen antecedentes familiares de problemas visuales y no se han observado alteraciones, recomiendo hacer una primera valoración oftalmológica alrededor de los 3 años, cuando ya suelen colaborar lo suficiente como para hacer una exploración visual bastante completa. A esa edad hay problemas visuales que, si se detectan a tiempo, pueden corregirse o tratarse con muy buenos resultados. En cambio, si se detectan más tarde, pueden tener consecuencias más difíciles de revertir.
Mi consejo es no esperar a que haya una queja clara. Una revisión a tiempo puede evitar complicaciones futuras y dar mucha tranquilidad a las familias.
La tecnología es una herramienta fundamental en oftalmología. Gracias a ella podemos hacer diagnósticos mucho más precisos y detectar enfermedades en fases más tempranas, cuando todavía no han dado síntomas y el tratamiento es más eficaz.
En mi día a día, uno de los instrumentos que más valoro es la OCT, una técnica de imagen que nos permite ver el ojo en detalle, capa por capa, y que resulta especialmente útil en las enfermedades de la retina y mácula. Esta herramienta se utiliza a diario para valorar, por ejemplo, si una degeneración macular está activa o cómo está evolucionando un edema macular tras su tratamiento.
La tecnología no sustituye la mirada clínica ni el trato humano, pero bien utilizada, nos ayuda a ofrecer una medicina más precisa, más segura y más personalizada.
Las recomendaciones cambian un poco según la edad, pero hay algunos principios que son comunes a todas las etapas. Uno de los más importantes es cuidar el uso de pantallas. En la infancia, especialmente, es clave limitar la exposición, porque el sistema visual aún está en desarrollo y el uso excesivo puede favorecer la aparición o el empeoramiento de problemas como la miopía o el espasmo acomodativo. Cuanto menos pantalla y más juego al aire libre, mejor.
En adultos, una consulta frecuente es el síndrome visual digital, que produce fatiga ocular, sensación de ojo seco, visión borrosa o dolor de cabeza tras muchas horas frente al ordenador. Aquí recomiendo hacer pausas visuales – la regla del 20-20-20 (cada 20 minutos, mirar a lo lejos 20 segundos) -, mantener una buena iluminación y usar lágrima artificial si hace falta.
También es importante proteger los ojos del sol. Las gafas de sol con filtro UV homologado no son solo una cuestión estética: ayudan a prevenir lesiones en la superficie ocular, envejecimiento prematuro de los tejidos e incluso patologías más serias como cataratas o degeneración macular.
Otro punto clave es el uso adecuado de las lentes de contacto. Hay que respetar siempre los tiempos recomendados de uso, mantener una buena higiene y no dormir con ellas si no están indicadas para ello. Muchas complicaciones graves por lentillas se pueden evitar con unas pautas muy sencillas.
Por último, conviene no olvidar la higiene ocular. Por ejemplo, si se usa maquillaje, es importante retirarlo bien cada día y evitar aplicarlo sobre la línea de agua para no obstruir las glándulas del párpado.
Y por supuesto, hacer revisiones periódicas, aunque no haya síntomas. Existen patologías visuales que no dan señales hasta que ya están muy avanzadas y detectarlas a tiempo puede marcar una gran diferencia.
Lo que más me gusta de mi trabajo es poder conectar con los pacientes, explicarles bien lo que les pasa y acompañarles en las decisiones sobre su salud visual. Me interesa mucho que entiendan su situación, que pierdan el miedo y que sientan que están bien informados antes de decidir. Ver cómo alguien llega preocupado y sale más tranquilo, con las ideas claras y sabiendo qué opciones tiene, es una de las partes más gratificantes de la consulta.
También disfruto mucho con la cirugía, Me gusta su precisión, su ritmo, y el hecho de que muchas veces podemos ver resultado muy concretos y rápidos. Pero para mí no es solo operar bien, sino hacerlo con una buena comunicación antes y después, explicando todo con claridad y estando disponible si hay dudas. En resumen, hacer que el proceso sea lo más llevadero posible.
Lo que me impulsa a seguir formándome es poder ofrecer siempre la mejor atención posible. La oftalmología avanza rápido, y me parece una responsabilidad estar al día. Pero también me mueve algo más personal: el deseo de seguir mejorando en la forma en que me relaciono con cada persona que entra en consulta. La relación médico-paciente, cuando se cuida, mejora incluso los resultados clínicos. Y eso, para mí, es una parte esencial de esta profesión.
Para mí, la toma de decisiones compartidas es una parte esencial de la relación médico-paciente. Como profesionales, tenemos los conocimientos técnicos y la experiencia, pero es el paciente quien vive su situación, quien tiene sus propios valores, prioridades y preocupaciones. Por eso, creo que no basta con decirle lo que “tiene que hacer”; es importante explicarle qué está pasando, qué opciones hay y cuáles son los beneficios y riesgos de cada una, para que pueda decidir con confianza.
Aunque a veces hay pocas alternativas, incluso en esas situaciones me parece clave que el paciente entienda bien el plan de acción y sienta que forma parte de la decisión. Eso le ayuda a estar más tranquilo, más implicado y también más satisfecho con el proceso, incluso cuando el resultado no pueda ser el ideal.
En mi práctica diaria intento aplicarlo siempre. Me gusta explicar, usar ejemplos visuales, resolver dudas… Y para seguir mejorando en este aspecto, estoy desarrollando una plataforma de vídeos formativos para pacientes, para que les ayude a comprender mejor su diagnóstico y sus opciones terapéuticas. Además, he realizado un estudio sobre el efecto de estos vídeos que confirmó que les ayuda a tomar la decisión, en este caso fue sobre la cirugía de catarata.
Al final, cuando el paciente entiende y participa, todo fluye mejor. Se establece una relación de confianza que tiene un impacto muy positivo, no solo en su experiencia, sino también en los resultados.
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