Genética: En muchos casos, la asimetría facial es hereditaria.
Malformaciones congénitas: Algunas condiciones presentes desde el nacimiento, como el labio y paladar hendido, pueden causar desequilibrios faciales.
Traumatismos: Accidentes o lesiones pueden alterar la alineación natural del rostro.
Desarrollo óseo desigual: Puede ocurrir un crecimiento desigual de los huesos faciales, afectando la simetría.
Hábitos posturales y funcionales: Factores como una mala postura o el bruxismo pueden influir en la alineación del rostro con el tiempo.
Radiografías y tomografías computarizadas (TC) para analizar la estructura ósea.
Fotografías clínicas y análisis digital para identificar los puntos de desviación.
Modelos tridimensionales que permiten planificar la intervención con gran precisión.
Para asimetrías moderadas o severas, la cirugía ortognática es una de las opciones más eficaces. Este procedimiento permite corregir la posición de los maxilares, mejorando tanto la funcionalidad como la estética facial. La intervención puede incluir osteotomías (cortes en los huesos para reposicionarlos) y suele combinarse con ortodoncia para optimizar los resultados.
Para corregir asimetrías óseas sin necesidad de modificar el hueso natural, se pueden utilizar implantes faciales de mentón, pómulos o mandíbula, diseñados a medida para cada paciente.
Mejora la masticación y la función mandibular.
Reduce el riesgo de problemas articulares y dolor en la articulación temporomandibular (ATM).
Aumenta la confianza y autoestima del paciente.
Optimiza la respiración en casos donde la asimetría afecta las vías aéreas.