La mordida abierta es una alteración de la oclusión dental que va mucho más allá de una cuestión estética. En los casos moderados y severos, especialmente en adultos, puede condicionar la forma de masticar, hablar e incluso respirar con normalidad. Cuando el origen del problema está en la posición de los huesos maxilares, la cirugía ortognática se convierte en el tratamiento más eficaz y estable a largo plazo.
Hablamos de mordida abierta cuando, al cerrar la boca, los dientes superiores e inferiores no entran en contacto, dejando un espacio visible entre ambas arcadas. Esta situación puede afectar solo a los dientes o tener un componente óseo más profundo, relacionado con la posición del maxilar superior, la mandíbula o ambos.
Las dificultades funcionales importantes son problemas al morder alimentos, alteraciones en el habla, respiración oral crónica o molestias en la articulación temporomandibular.
En adultos con mordida abierta de origen esquelético, la ortodoncia por sí sola no suele ser suficiente. En estos casos, el abordaje más efectivo es el tratamiento combinado de ortodoncia y cirugía ortognática. La indicación quirúrgica aparece cuando la discrepancia entre los maxilares es significativa y no puede corregirse únicamente moviendo los dientes.
El proceso completo se divide en tres fases, todas ellas fundamentales para lograr un resultado estable.
Antes de entrar en quirófano, se realiza un tratamiento de ortodoncia que puede durar entre uno y dos años. El objetivo es eliminar las adaptaciones dentales que el cuerpo ha desarrollado con el tiempo para “compensar” el problema óseo.
Durante esta etapa:
La cirugía se lleva a cabo bajo anestesia general y suele tener una duración aproximada de cuatro horas. La técnica empleada depende de las características anatómicas de cada paciente.
Entre los procedimientos más habituales se encuentran:
Todas las incisiones se realizan por dentro de la boca, por lo que no quedan cicatrices visibles. Los huesos se fijan en su nueva posición mediante placas y tornillos de titanio, lo que aporta una gran estabilidad a largo plazo.
A las pocas semanas se inician ejercicios suaves de movilidad y, progresivamente, se utilizan elásticos para perfeccionar el encaje dental.
En un plazo aproximado de 6 a 12 meses:
La recuperación es gradual y, en general, bien tolerada. La inflamación alcanza su punto máximo durante los primeros días y va disminuyendo de forma progresiva.
De forma orientativa:
La baja laboral depende del tipo de trabajo, pero suele oscilar entre cuatro y ocho semanas. El dolor postoperatorio suele ser moderado y controlable con medicación habitual.
Los estudios clínicos muestran una excelente estabilidad oclusal tras varios años de seguimiento, con tasas de recidiva muy bajas cuando el tratamiento está bien planificado.